Soy puta porque mi coño lo disfruta 3

Parecía avergonzado y sorprendido de que la puta pudiera ver a través de él tan claramente, pero no podía dejar de mirarla y su polla sólo se lo hizo más difícil. Volviéndose a cuatro patas, se aseguró de que el dobladillo de su vestido estaba sobre su trasero. Extendiendo sus mejillas, ella pasaba los dedos por su hendidura empapada. “Ven aquí, nene… ven a comerte el dulce y joven coño de puta que te han negado.” Cruzó la pequeña habitación en dos largos pasos, enterrando su cara en su culo con tanta impaciencia y hambre que la empujaron hacia delante. Sus manos se agarraron de sus delgadas caderas mientras él empujaba con la lengua, haciendo que su coño goteara. Sus lloriqueos le alertaron sobre el doloroso vacío y él la obligó a golpear dos de sus gruesos dedos contra su coño caliente y mojado, haciéndola gemir profundamente en respuesta. “¿Eso sabe bien, cariño?” Preguntó ella toda puta, sin aliento “Mmmmphhfff, si nena eres mejor que las putas barcelona” contestó él, lapeando a su coño goteando. “Déjame probarte, le rogó mientras se apartaba de él:”Me encanta la forma en que las pelotas pesadas se sienten en mi boca”.

Él liberó a su enorme y palpitante polla de sus pantalones de uniforme. Alcanzando la abertura de la boca para agarrar sus bolas, ella lentamente envolvió sus labios alrededor de su gigantesca cabeza púrpura, saboreando el liquido preseminal. Era tan grueso que ella se había ajustado a la forma en que lo llevaba, pulgada a pulgada, hacia la parte posterior de su suave garganta. Expresó un bajo y gutural gemido en la parte de atrás de su garganta mientras se echaba en la boca de ella esperando, golpeando sin cesar su pene en sus bonitos labios mientras sus inocentes ojos verdes le miraban.

 

“Qué puta asquerosa eres, le dijo, abofeteándole las tetas.”¿Tu papá sabe que eres tan sucia?” “No, señor, y mi marido tampoco. Nunca me querrían si supieran lo mucho que quiero que me usen. Qué puta soy realmente”, dijo. Se había quitado la polla de su boca el tiempo suficiente para hablarle las bolas mientras le daba una respuesta. “Me voy a tirar a todos tus agujeros”, gruñó, agarrándola por el pelo y llevándola a los pies. Empujándola contra la pared de la habitación trasera y sosteniendo su brazo contra ella para limitar su movimiento, él mohó sus dedos a través de los jugos del coño y, sin ninguna advertencia, atascó ambos en su culo apretado, haciendo que chillara en shock y dolor. Se rió cruelmente y sacó sus dedos, y luego los volvió a golpear. No menos dolió la segunda vez y sollozó con el dolor de ella mientras sentía que su polla se hacía aún más grande con cada señal de su impotencia. El juego había cambiado de dirección: había perdido el control y no estaba segura de cómo… pero no se arrepintió. Esto es lo que ella quería, que la trataran como una puta. La bestia. El animal cruel y vil que sólo existía para saciar su lujuria y esparcir su semilla.